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¿Plancha o salud capilar? Cómo usar herramientas térmicas sin destruir tu cabello

¿Plancha o salud capilar? Cómo usar herramientas térmicas sin destruir tu cabello

A todas nos gusta cómo queda el cabello recién planchado o secado: liso, con movimiento, brillante, como recién salido de la peluquería. El problema no está en el resultado de ese momento, sino en lo que pasa por debajo cada vez que repetimos el gesto. El calor de la plancha o el secador evapora la humedad interna de la fibra capilar, y con el tiempo eso se traduce en puntas que se sienten ásperas y quebradizas. En una ciudad como Bogotá, donde la humedad cambia de un momento a otro y el clima puede pasar de sol a llovizna en la misma tarde, el resultado típico es un frizz que aparece apenas sales de casa, como si el peinado nunca hubiera existido.

No se trata de dejar de peinarte ni de satanizar la plancha, se trata de preparar el cabello antes de aplicarle calor, para que la cutícula esté lo más sellada posible y no tan expuesta al daño acumulado.

¿Por qué el calor daña tanto?

El cabello tiene una estructura en capas: la cutícula por fuera, que funciona como una especie de tejado de tejas superpuestas, y el córtex por dentro, donde está la queratina que le da fuerza y elasticidad a la fibra. Cuando el calor entra en contacto directo con el cabello, esa proteína pierde humedad rápidamente, y si la cutícula ya está abierta o dañada por el sol, el tinte o lavados con agua muy caliente, el efecto es todavía mayor.

Sin protección previa, el cabello queda más débil y con menos elasticidad, lo que con el tiempo se traduce en puntas abiertas y quiebres, sobre todo en las zonas donde la herramienta pasa más veces sobre la misma sección. Esto explica por qué muchas personas notan que el largo de su cabello "no avanza": no es que no crezca, es que se está rompiendo por las puntas casi al mismo ritmo en que crece.

Nuestra apuesta es lo que podríamos llamar un pre-acondicionamiento térmico: usar fórmulas libres de sal y de siliconas para que no se acumulen residuos que, al calentarse, terminan dañando más la fibra. En su lugar, trabajamos con proteína de seda y aceites naturales, que dejan el cabello protegido sin pesarlo ni sentirse grasoso al tacto.

Antes de la plancha: una rutina de tres pasos

Limpieza que no reseca. Usa nuestro Shampoo Avena & Miel. Es una fórmula pensada para hidratar el cabello en profundidad, con un aroma cálido y dulce; al no llevar sal, se puede usar todos los días sin resecar el cuero cabelludo, algo importante si planeas usar calor con frecuencia, porque un cuero cabelludo reseco tiende a producir un cabello más opaco desde la raíz.

Nutrición de medios a puntas. Aplica el Acondicionador de Avena & Miel y déjalo actuar un par de minutos antes de enjuagar, en lugar de aplicarlo y enjuagar de inmediato. La proteína de seda de su fórmula ayuda a que la cutícula quede más lisa, lo que facilita que la plancha o el secador se deslicen sin enganchar el cabello ni generar esa fricción que termina abriendo más las puntas.

Estilizado con cabeza fría. Si usas secador, mantén una distancia prudente del cuero cabelludo y muévelo constantemente en lugar de dejarlo fijo sobre una sola zona. Si usas plancha, evita pasarla varias veces sobre la misma sección: menos pasadas de calor siempre es mejor que más, incluso si eso significa peinarte un poco más despacio.

Lo que pasa entre el lavado y el calor

Hay un paso intermedio que mucha gente se salta: cómo secas el cabello antes de plancharlo o usar la secadora a temperatura alta. Si el cabello todavía está goteando cuando le aplicas calor directo, el agua que queda atrapada dentro de la fibra puede literalmente hervir por un instante, lo que es mucho más agresivo que aplicar calor sobre cabello ya seco al 80 o 90 por ciento. Lo ideal es dejar que se seque la mayor parte al aire o con secador en temperatura media, y reservar el calor más alto solo para el estilizado final.

Otra costumbre que ayuda bastante es desenredar antes de aplicar cualquier producto, no después. El cabello mojado es más frágil y se estira con facilidad, así que desenredarlo con un peine de dientes anchos antes de aplicar el acondicionador reduce la cantidad de fricción y tirones que recibe la fibra.

Cuidados que no dependen de un producto

Más allá de la rutina con shampoo y acondicionador, hay hábitos que potencian el efecto de cualquier línea capilar. Cortar las puntas cada dos o tres meses evita que el daño existente se vaya extendiendo hacia arriba por la fibra. Alternar los peinados (no usar plancha todos los días, por ejemplo) le da tiempo a la fibra para recuperarse entre sesión y sesión. Y dormir con el cabello recogido en una trenza suelta o con un gorro de satín reduce la fricción contra la almohada durante la noche, que también contribuye al frizz y a las puntas abiertas con el tiempo.

Preguntas que nos hacen seguido

¿Esta rutina sirve para cabello rizado o solo para liso? Sirve para cualquier tipo de cabello que se vaya a exponer a herramientas de calor, sea para alisar rizos, marcar ondas o simplemente secar más rápido. La hidratación previa ayuda en todos los casos, aunque el cabello rizado suele necesitar un poco más de acondicionador por su tendencia natural a la sequedad.

¿Con qué frecuencia es razonable usar la plancha? No hay una regla única, pero entre menos mejor para la salud de la fibra. Si la usas casi todos los días, vale la pena reforzar la rutina de hidratación con más frecuencia también, y considerar bajar la temperatura cuando el clima esté más húmedo y el cabello necesite menos calor para alisarse.

¿El acondicionador puede dejar el cabello con peso si lo uso todos los días? Al estar formulado sin siliconas que se acumulan sobre la fibra, no debería sentirse pesado incluso con uso diario. Si notas que tu cabello se siente cargado, suele ser por la cantidad aplicada más que por la frecuencia: con poco producto, bien distribuido de medios a puntas, suele ser suficiente.

¿Sirve aplicar el shampoo y el acondicionador justo antes de planchar, el mismo día? Sí, siempre que el cabello quede completamente seco antes de aplicar calor. La hidratación que aportan no reemplaza un protector térmico aplicado sobre cabello seco, pero sí deja la fibra en mejores condiciones para resistir el calor que viene después.

Peinarte no tiene que ser un sacrificio para tu cabello

Con la rutina correcta antes de prender la plancha, puedes tener el acabado que quieres sin pagarlo después con puntas abiertas, frizz prematuro o un cabello que se siente cada vez más débil. La clave no está en dejar de usar las herramientas que te gustan, sino en darle a tu cabello lo que necesita antes de exponerlo al calor.

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